Raymundo Riva Palacio, Salinas la resurección; “¿Qué ha hecho a Carlos Salinas estar en el centro del poder anahi4_2del gobierno de Enrique Peña Nieto?

Raymundo Riva Palacio, Salinas la resurección; “¿Qué ha hecho a Carlos Salinas estar en el centro del poder anahi4_2del gobierno de Enrique Peña Nieto? ¿El que su enemigo Ernesto Zedillo, cuyos fieles acólitos pertenecían al círculo interno del entonces candidato presidencial, hoy están difuminados? ¿Acaso fue por la creencia en algunos círculos de que la mano que ayudó a Alejandro Poiré a que Harvard aceptara a Felipe Calderón fue la de Zedillo y que eso le costó caro? ¿O será que un empresario que se hizo banquero con Salinas y luego lo negó, Roberto González Barrera, donó poco antes de morir una fuerte cantidad de dinero para los primeros años de Calderón tras su sexenio? ¿Hizo algo Zedillo que molestó a Peña Nieto y provocó la resurrección de Salinas?

Para las mentes conspiradoras, cualquier respuesta sería atractiva, pero lo más probable, si se entiende la lógica de poder de Peña Nieto, que no gusta compartir las decisiones trascendentales, es que la influencia de Salinas en el gobierno entrante, no sea algo más que una percepción y no una realidad. Empero, dijo un alto funcionario del gobierno actual, esto no quita que el ex presidente carezca de influencia en esta administración, aunque sea por proximidad. Cómo la podrá aplicar, aún es temprano para verse.

Percepción puede ser, por ejemplo, que Claudia Ruiz Massieu, hija de su hermana Adriana, sea la secretaria de Turismo. Sus lazos familiares son meramente  circunstanciales. Ruiz Massieu, que conoció a parte del equipo muy cercano a Peña Nieto en la LXI Legislatura –de donde salieron varios miembros del gabinete y bastantes integrantes del equipo de transición-, tiene un trabajo reconocido donde la familia es sólo referencia genealógica. Desde la transición se sabía que estaría en una posición importante, en la Secretaría de Gobernación o en la nueva Fiscalía Anticorrupción. Turismo fue su destino inmediato, pero en el propio entorno de Peña Nieto reconocen que es una de las figuras emergentes de la nueva clase política.

Caso similar es el de José Antonio González Anaya, quien fue nombrado director del IMSS. Trabajó con José Córdoba cuando era el poderoso y discreto superasesor de Salinas en Los Pinos, con quien se emparentó durante largos años al estar casado con una hermana de Ana Paula Gerard, la segunda esposa del ex Presidente. González Anaya, que participó en la reforma del ISSSTE y es considerado experto en pensiones y jubilaciones, ansiaba desde el gobierno de Calderón, donde fue subsecretario de Ingresos, llegar al IMSS, pero nunca le hicieron caso. Técnicamente es impecable, que es lo único que lo salvó de ser decapitado por Calderón, a quien varios de sus asesores le pedían su cese por considerar que estaba demasiado cerca de los priístas.

Igual sucedió con Eduardo Medina Mora, quien fue congelado y enviado por Calderón como embajador al Reino Unido, donde fortaleció su relación con Salinas, que vive entre la ciudad de México y Londres. Salinas se dedica a promover inversiones –lo está haciendo en Cancún- y lo visitaba mucho en la Embajada. Cercano también de Peña Nieto, el ex procurador general sólo espera del placet de Washington para presentarse ante el presidente Barack Obama como el nuevo embajador ante la Casa Blanca.

Otra persona relacionada con el presidente Peña Nieto es Luis Miranda –a quien sólo los impedimentos estatutarios del PRI le impidieron ser su candidato en el estado de México-, quien fue nombrado subsecretario del ramo en Gobernación. Miranda era quien como secretario de Gobierno en el estado de México, cuando el mandatario era Peña Nieto, era el responsable de llevar la relación con las figuras políticas más importantes de México, mediante lo cual estableció una muy sólida relación con Salinas.

Similarmente fuerte es la relación del ex Presidente con Manuel Cadena, quien sin pertenecer al Grupo Atlacomulco, de donde viene Peña Nieto, es una de las figuras más poderosas en el estado de México y factor de equilibrio en la entidad. Cadena fue nombrado jefe de la Unidad de Delegaciones Federales de la Secretaría del Trabajo, un cargo que es menor para su biografía política, pero que lo coloca en la lista del primer relevo del gabinete.

Cadena y Miranda tiene lazos con Arturo Montiel, tan cercano a Salinas que cuando Rosario Robles, a la sazón presidente del PRD, tenía un boquete financiero en el partido y le pidió ayuda durante una cena secreta en Londres, fue el ex gobernador mexiquense quien le ayudó a salir del problema. Robles fue designada por Peña Nieto como secretaria de Desarrollo Social, una dependencia inventada por Salinas durante su gobierno, desde donde construyó la candidatura presidencial del infortunado Luis Donaldo Colosio.

El arquitecto de Sedesol fue Carlos Rojas, a quien nombraron ahora director general del Fondo Nacional de Apoyo para las Empresas de Solidaridad, que será transformado en el Instituto Nacional de Economía Social. Rojas –su lugarteniente en Sedesol era Enrique del Val, hoy subsecretario de Educación- fue uno de los principales asesores de Robles durante la etapa de la transición, y el modelo de reagrupamiento de los programas sociales, que los gobiernos panistas repartieron en todas las secretarías, parte del principio del Programa de Solidaridad salinista.

Otro Rojas es muy cercano a Salinas, quizás el que más de todos los miembros en el equipo de Peña Nieto, Francisco. Designado director de la CFE, es de todo el viejo equipo de Salinas quien mantuvo la relación más consistente con él. Cuando asesinaron a Colosio, Rojas era su candidato a relevarlo. Estuvo tan cerca que empacó sus cosas en Pemex, que dirigía, y tenía nombrado a Del Val como sustituto. Córdoba se interpuso y empujó a Zedillo al cargo, aduciendo carácter. En efecto, a ojos de Salinas, Zedillo lo traicionó y durante un tiempo actuó como si Córdoba también lo hubiera hecho.

Hoy, ni Zedillo, ni Córdoba, ni otros cercanos a aquél grupo que se esperaba figuraran en el nuevo gobierno, como Guillermo Ortiz, jefe de Banorte, el banco con el que se quedó González Barrera, están en las marquesinas peñistas. Sólo Salinas aparece, como figura del pasado, imborrable en el imaginario colectivo, para bien y para mal, en el regreso del ex presidente, aunque sea sólo a través de los símbolos.”

Jorge Zepeda PAtterson. ¿Narcos buenos y narcos malos?: “Nadie avisó a los cárteles mexicanos de la droga que había comenzado un nuevo sexenio. O, por lo menos, éstos no se dieron por enterados. Las estadísticas del primer mes de gobierno de Enrique Peña Nieto muestran que el número de ejecutados se mantiene al mismo ritmo que en el pasado.

Desde luego es demasiado pronto para exigir algún cambio en el comportamiento de este cáncer tan arraigado en la sociedad mexicana. 30 días no alcanzan para cambiar no sólo el tema de la inseguridad sino cualquier otro. Las tasas de empleo no saben de nombramientos sexenales. Pero es cierto que en política mucho tiene que ver con percepciones. Y, sin duda, la llegada de la locomotora priísta al gobierno generó la sensación de que algo había cambiado. Las estadísticas de la nota roja han sido un baño de agua fría para mostrar que lo importante sigue allí.

Calderón se equivocó en muchas cosas, pero estuvo en lo cierto cuando escogió el tema del narcotráfico para intentar dar un campanazo en la opinión pública al principio de su sexenio. En los diarios los temas de violencia ocupan la mitad de las páginas dedicadas a las noticias nacionales. Impactar en la agenda de inseguridad es la manera más rápida de hacerse notar. Y la más peligrosa, como muy a su pesar descubrió Calderón, porque en lugar de reducir el avispero lo alborotó. Para desgracia del nuevo presidente, el número de muertos constituye una métrica difícil de ignorar. El Gobierno ha dicho que la única solución a fondo al problema de la inseguridad pasa por la prevención, la mejoría a fondo de las policías y el saneamiento del sistema de justicia. Tiene razón. Pero todo ello constituyen procesos de largo plazo.

Me temo que el Gobierno estará presionado a ofrecer resultados mucho antes que eso, lo cual nos lleva a un plan B de emergencia. Y eso, a su vez, al terreno de lo posible e inmediato. Las nuevas autoridades encaran el viejo tema de concentrar el combate allá donde sea más efectivo de cara a encontrar resultados expeditos.

En otras palabras, el gobierno tendrá que preguntarse, como lo hicieron antes los panistas, si hay narcos buenos y narcos malos. ¿Es posible negociar una tregua con el Cártel de Sinaloa, mientras se libra una batalla frontal en contra de Los Zetas? En teoría este último cártel se caracteriza por métodos más salvajes y llamativos, incluyendo la ejecución masiva de inmigrantes, el secuestro de empresarios y la extorsión indiscriminada de comercios. O eso se supone. Primero habría que ver si la data real soporta tal mito. ¿Hay narcos malos y narcos buenos? O quizá no “buenos” pero tolerables. Se afirma que mientras Los Zetas expolian el territorio y a la población civil, los sinaloenses se integran al tejido social, se codean con el empresariado local, son aceptados en bodas y cumpleaños, y financian obras sociales y hacen donaciones a los curas de pueblo.
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Mi impresión es que muchas de las diferencias entre ambos cárteles han ido desapareciendo con la feroz lucha. No hay que perder de vista que del Cártel de Sinaloa salieron el Güero Palma o los Beltrán Leyva, no precisamente delincuentes de guante blanco. En los últimos años ha aumentado la violencia en las zonas controladas por El Chapo Guzmán, incluyendo Sinaloa. Sobre todo cuando tal control ha sido amenazado por sus rivales. El segundo tema es saber si realmente una negociación es factible. Y no me refiero a la existencia o ausencia de canales de conversación. No tengo duda de que hay muchas formas de hacer contacto con los capos, si se quiere. El asunto, más bien, es si existen condiciones para garantizar algún pacto con la supuesta porción “civilizada” del narco. La fragmentación del territorio es tal, que incluso si se llegase a un acuerdo hay pocas posibilidades de cumplirlo. Para ello habría que meter en cintura a los gobernadores, sus procuradores y jefes de policía. Y eso está por verse.

Y finalmente, incluso si hubiese forma de hacer un pacto con otros cárteles para consolidar zonas exclusivas, terminar la lucha cruenta por las plazas, y concentrar la guerra en la eliminación de Los Zetas, habría que preguntarse si tal cosa es posible. Todos sospechamos que Felipe Calderón jugó justamente a eso y perdió. Atacó a La Familia en Michoacán y al ex cártel del Golfo en el noreste, y no pudo con ellos.

¿Podrá Peña Nieto? ¿O será este tema el principio del fin de su luna de miel con la opinión pública?”

Martín Moreno, Seguridad, entre muertos y dudas:” Desapareció oficialmente la Secretaría de Seguridad Pública federal (SSP) y la suple el discurso. Los muertos de Peña Nieto sumaron, durante el primer mes de gobierno, entre 755 y 982. Un promedio de 25 y 33 ejecutados diarios. Nadie esperaba que la violencia terminara en cuatro semanas, pero ya asoman signos de preocupación por una estrategia con más dudas que certezas.

Adiós a la Secretaría de la Función Pública (SFP) y en su lugar, la retórica. La Comisión Nacional Anticorrupción (CNA) será un órgano acotado, carente de facultades legales para perseguir penalmente actos de corrupción. Un tiburón sin dientes, pues.

Para efecto mediático, acabar con la SSP —emblema del calderonismo en la lucha contra el crimen organizado—, arrancó aplausos momentáneos. Estaba fresca la herida de más de 60 mil muertos durante el sexenio pasado. Sin embargo, como al día siguiente de la celebración por el Año Nuevo, la realidad se presentó con toda su crudeza: no hay, de momento, una corporación, plan o programa lo suficientemente completo para enfrentar al narcotráfico.

Y no es percepción. Allí está el dato preocupante: los cuerpos policiacos de los 31 estados y el DF aún no han cumplido con las evaluaciones de control y de confianza dentro de sus corporaciones policiacas. ¿Qué significa? Casi nada: que ignoramos la capacidad y la confiabilidad de policías estatales y de la capitalina.

Trasciende que Gobernación ampliará a diez meses el plazo para los exámenes a policías. Mientras, a seguir sufriendo la violencia por todas partes. Lo señalamos en los Archivos del poder del viernes pasado: los cárteles no toman vacaciones. “El terror entre la población civil por ataques y enfrentamientos armados está por todas partes”. Entonces hicimos un recuento breve de algunos capítulos violentos durante diciembre. Pero el rosario sangriento continuó al inicio de 2013:

-En el Estado de México, seis integrantes de una familia de comerciantes de Ecatepec fueron asesinados al ser asaltados. “Tras resistirse al atraco, los hampones dispararon en repetidas ocasiones para posteriormente darse a la fuga a bordo de dos vehículos y con la camioneta con la mercancía robada”, detalló en Excélsior el reporteroRodolfo Dorantes.

-En Zacatecas, 12 personas fallecen en un enfrentamiento armado.

-En Sinaloa, gatilleros ejecutaron a cuatro personas en la comunidad de Tepuche.

-En Chihuahua, cinco hombres muertos en un tramo carretero que va de Guachochi a Creel, en la sierra Tarahumara.

-En Veracruz fue atacada la comandancia de Orizaba. Se robaron cargadores de armas oficiales.

Los muertos siguen. La violencia imparable.

Nadie exige al gobierno de Peña que cese la violencia en sólo 30 días. Sería injusto plantearlo siquiera. Pero el punto es que una estrategia bisoña se ve borrada rápidamente por el avance implacable de la criminalidad. No hay rumbo cierto sobre cómo se va a enfrentar a los poderosos cárteles de la droga.

Cuando el presidente Peña delineó los seis Ejes de Seguridad de su gobierno, fueron simplemente eso: seis líneas rectoras, más que de acción aterrizada, con muchos qués y escasos —o ningún— cómo. Más saliva que sustancia.

Y las dudas:

Aún no está claro cuáles de las más de 30 subsecretarías, unidades y direcciones generales de la SSP, permanecerán en Gobernación, pues se requiere que el Presidente reforme el Reglamento Interno de la Segob. También se ignora cómo será la transferencia de los recursos financieros y humanos.

Con la desaparición de la SSP se abre un impasse preocupante en la lucha contra el narco. Hoy, millones siguen con el mismo miedo y con la misma pregunta desde hace meses: ¿cómo enfrentarán Peña y su gobierno a los poderosos cárteles mexicanos?

Es la SSP y es también la SFP, extinta y suplantada, igualmente, más por el discurso que por la acción aterrizada. Si la CNA peñista inicia acotada y limitada respecto a sus facultades legales, debemos esperar muy poco en cuanto al descabezamiento de los corruptos en México.

De entrada, el titular de la CNA no será autónomo al ser designado directamente por el Ejecutivo. Se repite el mismo círculo vicioso sexenal: desde los tiempos de la simulación de Miguel de la Madrid con la “renovación moral de la sociedad”, a la engañifa reciente de Vicente Foxy su falsa promesa de atrapar a “los peces gordos”. Ni charalitos pudo ofrecer el hoy ex panista.

Tanto la lucha contra la violencia, como el ataque a la corrupción, gravitan entre más dudas que certezas. El discurso y la retórica —partes fundamentales del esquema ideológico del priismo–, imperan sobre las acciones de fondo.

Mientras, los muertos siguen.

Y la corrupción galopa. Allí está Tabasco y su ruina financiera.”

http://www.change.org/petitions/harvard-university-president-faust-just-say-no-to-mexican-drug-war-president-felipe-calderon#

Jenaro Villamil, Peña Nieto, ¿ la ¨”guerra” ya no existe?  ”Uno de los primeros signos muy claros de distensión mediática en el primer mes del gobierno de Enrique Peña Nieto es la ausencia en los discursos oficiales del tono bélico que caracterizó a su antecesor. No hay “guerra”, no existen proclamas presidenciales reforzadas con uniforme militar, tampoco regaños desde el atril a los incrédulos de la “estrategia”, pero sí existen los muertos, los desaparecidos, los más de 15 mil cuerpos no identificados que fueron a parar a las fosas comunes de un sexenio, según información publicada este 2 de enero por La Jornada. La ola de enfrentamientos prosigue. En diciembre de 2012, el primer mes del sexenio peñista, se registraron 982 ejecutados, según el recuento de Milenio Diario. El 2012 concluyó con un total de 12 mil 394 ejecuciones, 110 más que en 2011, pero 264 homicidios menos que en 2010, el año más violento del sexenio de Felipe Calderón, de acuerdo con el mismo registro. Tan sólo en el mes de diciembre, la radiografía de las ejecuciones indica que el mayor número de casos se concentra en entidades del noreste del país, gobernadas por el PRI. Chihuahua repuntó con 122 ejecuciones, Coahuila tuvo 105 en la peor ola reciente de violencia en esta entidad, Sinaloa registró 79, Zacatecas 53 y el Estado de México, 47. El enfrentamiento en el penal de Gómez Palacio, Durango fue un hecho escasamente informado, pero provocó la muerte de 14 internos y 9 custodios. En los límites entre Michoacán y Jalisco se reavivaron los enfrentamientos entre los Caballeros Templarios y las otras fuerzas criminales. No son reportes oficiales ni ministeriales. Son recuentos periodísticos. El único “certificado”, decretado durante el gobierno de Calderón, es que la mayoría de las ejecuciones se trató de enfrentamientos “entre criminales”. De antemano, al criminalizarlos se justificó la ola de muerte y violencia, como si no se trataran de ciudadanos. En el primer mes del actual gobierno, la receta aplicada por los mercadólogos y asesores de Peña Nieto no es modificar de raíz la decisión adoptada en diciembre de 2006 de movilizar al ejército y realizar operativos especiales para “rescatar” las plazas dominadas por el narco. La estrategia es modificar la percepción de riesgo, violencia y vulnerabilidad que se generalizó en el país durante el último sexenio panista. Para quienes privilegian las percepciones en lugar de las realidades, lo más importante no son los enfrentamientos, las muertes provocadas, la nula eficacia ministerial, las miles de desapariciones sino la sensación de fracaso, de que la estrategia fue fallida y que, en lugar de combatir al narcotráfico, la “guerra” fortaleció y expandió a los cárteles de la droga. Hay parte de razón en esta lógica de realismo político de los priistas que retornan a la presidencia. Durante un sexenio, Calderón aplicó el método de autoafirmación e intoxicación informativa para convencernos  que su decisión de enfrentar a los cárteles de la droga con los cuerpos militares y policiacos fue acertada. En el colmo de la esquizofrenia, Calderón criticaba a los medios que informaban sobre las ejecuciones, levantones y desapariciones generadas por esta ola de enfrentamientos, pero él se dedicaba a recordarnos un día sí y otro también que este asunto era su prioridad. El único que podía hablar en términos bélicos era él, pero “no estábamos en una guerra”. El fracaso de Calderón fue absoluto, en términos de realidades y de percepciones. No hubo ninguna victoria que presumir. No disminuyeron los índices de violencia e inseguridad. El crimen organizado multiplicó sus ganancias, se atraparon algunos capos, otros fueron ejecutados, pero no se desarticularon las estructuras criminales de los cárteles, quizá porque estaban enquistadas y vinculadas a las mismas instituciones dedicadas a combatirlos. Hubo una “captura del discurso” y del Estado durante el sexenio de Calderón. La narcotización informativa no modificó la percepción, ni siquiera con todo el apoyo de las televisoras para reforzar la decisión presidencial, adoptada al margen del Congreso y consentida por las principales fuerzas políticas. El resultado fue un sexenio de pesadilla. No se equivocó Calderón: su gobierno será señalado no por los festejos del Bicentenario sino por la guerra contra el narcotráfico. Y él no será recordado precisamente por valiente sino por indolente frente a la espiral de violencia e impunidad que generó su decisión de “limpiar la casa”. La cifra incierta que oscila entre 65 mil y más de 100 mil personas asesinadas durante su sexenio nos retrata el tamaño de la herida generacional que dejó este periodo. El gobierno de Peña Nieto no ha roto con esa decisión, pero quiere evadir el déficit de opinión pública que generó la guerra de Calderón. Cuidadosos, los priistas de vuelta en Los Pinos no han condenado frontalmente la estrategia fallida o la falta de ésta durante un sexenio. Han optado por cambios administrativos. El más importante es la reincorporación de la Secretaría de Seguridad Pública a la estructura de la Secretaría de Gobernación y la promesa de crear una gendarmería nacional. Es muy probable que pasemos de la intoxicación informativa que no permitió entender a cabalidad lo que estaba sucediendo en esta “guerra” sin cuartel a una especie de indiferencia oficial calculada, mientras la violencia sigue cobrando víctimas, y los expedientes de corrupción y negligencia estarán ahí, engrosándose. La “guerra” ya no existe en el discurso oficial, pero tampoco la justicia para las víctimas, ni la sanción para los responsables. El tamaño de la herida social puede ser mayor porque no se trata de decretar un autoengaño colectivo sino de enfrentar los saldos de una violencia que llegó, como la humedad, hasta los espacios más insólitos de la sociedad mexicana.”

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/03-01-2013/11707. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

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