Corea del Norte: el fuerte del miedo

Corea del Norte: el fuerte del miedo


Por Cynthia Caden
Última modificación: 22 de diciembre de 2011 | Descargar completo en formato PDF

https://i0.wp.com/www.larepublica.ec/wp-content/uploads/2011/12/Onsong_bordercrossing_northernmost_China_border.jpg

http://www.publimetro.com.mx/_internal/gxml!0/2qijkhn0ctpwx8acoz5fxkpvtmr4nbh$5vxawuimlkvx3ktyhldk757zhhiy0pn/north-korea-nuclear-test-site-alfredo-gonzalezpublimetro-com-mx-3.jpeg

Dibujos realizados por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Dibujo realizado por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Repartidos por la superficie de Corea del Norte hay al menos 6 gigantescos campos de concentración (algunos de más de 500 Km2) en los que el régimen dinástico y genocida liderado ahora por Kim Jong-un, hijo del recientemente fallecido Kim Jong-il y nieto de Kim Il-sung, tiene presas a unas 200.000 personas.

Dibujo realizado por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Los pobres desgraciados que acaban encerrados entre sus muros, además de ser obligados a realizar trabajos forzados, sufrir malos tratos, carecer de libertad individual alguna y padecer hambruna crónica, son utilizados como conejillos de indias para experimentar la resistencia humana a dosis letales de agentes químicos y a operaciones quirúrgicas sin anestesia.

Dibujo realizado por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Una vez que un preso político es condenado a pasar el resto de su vida en un campo de concentración, las autoridades detienen también a sus familiares (incluidos niños pequeños y ancianos) y los encarcelan en una de estas instalaciones sin que sea necesario que se celebre juicio alguno.

Dibujo realizado por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Los pocos afortunados que han conseguido escapar de un campo y vivir para contarlo rememoran historias de terror como las que veis en los dibujos que acompañan este artículo (los textos explicativos son traducciones mías). En ellos aparecen representadas salas en las que se almacenan cuerpos de prisioneros sin vida a los que las ratas les han arrancado los ojos a mordiscos, ejecuciones sumarísimas de mujeres embarazadas por el simple hecho de estarlo, guardias que matan de palizas a presos para “aliviar” el estrés del día a día o perros adiestrados que atacan e incluso se comen a los reclusos que se encuentran más débiles.

Dibujo realizado por un refugiado tras escapar de un campo de concentración de Corea del Norte

Pero a pesar del trato inhumano, represivo y despótico que padecen los habitantes de Corea del Norte, aparentemente estos adoran a sus gobernantes. La explicación se encuentra en el control absoluto de la información que les llega, el adoctrinamiento permanente al que son sometidos desde edades muy tempranas presentando una y mil veces a los miembros de la familia Kim como una especie de dioses en la Tierra y a la imposibilidad de mantener contacto alguno con el exterior.

Tabla de contenidos
1. Introducción
2. Historia
3. La hambruna
4. Restricciones de libertad de movimiento
5. Las diferencias
6. Más falta de libertad: expresión y asociación
7. El horror de los (extensos) campos de prisioneros
8. Más sobre torturas y ejecuciones

9. Los refugiados
10. Extendidos ilícitos del Gobierno
11. Temibles armas
12. Corea del Norte hoy
13. Bibliografía relacionada

 
  1  2  3  4  5  6  7  8  9  10  11  12  13 

El horror de los (extensos) campos de prisioneros

Corea del Norte ha estado operando campos de prisioneros desde 1947[1]. Aunque el régimen de Kim Jong Il ha negado su existencia, y los observadores extranjeros no tienen acceso a ellos, suficientes personas han escapado de Corea del Norte en años recientes para proveer de testimonios sustanciales acerca de las condiciones dentro del país, e incluso en los campos de prisioneros. Unos cuantos han contado sus historias a los comités del Congreso de los Estados Unidos, algunos han publicado libros y docenas han dado entrevistas. Finalmente, investigadores de trayectoria han reunido esa información y adquirido nueva utilizando tecnología satelital, entre otros medios.

 

Se sabe, entonces, que la situación ya crítica de los disidentes políticos empeoró en Corea del Norte cuando Kim Jong Il comenzó a temer que el colapso comunista de 1989 en Europa se extendiera a su gobierno. Junto al aumento de su inseguridad, aumentó el número de prisioneros políticos en las cárceles norcoreanas.

 

Además de secuestrar a los individuos acusados, el Departamento de Seguridad del Estado también detiene hasta tres generaciones de miembros de la familia del acusado, incluyendo la madre, hermanos, hijos y nietos. Se cree que esta práctica comenzó con la proclamación de 1972 de Kim Il Sung: “facciosos o enemigos de clase, quienes sean, su semilla debe ser eliminada por tres generaciones”[2].

 

Al igual que el prisionero político acusado, los miembros de la familia no tienen garantizado un juicio, motivo por el cual algunos han llamado secuestro al acto de privación de libertad ejercido por el gobierno. Lo que suele suceder es que los recogen y transportan a prisiones políticas sin recibir ninguna información como cuándo – si alguna vez – serán liberados.

 

En el pasado, la República Popular Democrática de Corea ha estado también involucrada en secuestro de ciudadanos extranjeros. En 2002, Kim Jong Il reconoció al Primer Ministro japonés Koizumi la relación de “instituciones especiales” de su República en el secuestro de ciudadanos japoneses entre 1977 y 1983, y dijo que aquellos responsables habían sido castigados. Mientras cinco víctimas sobrevivientes y sus familias han podido huir de Corea del Norte y retornar a Japón en octubre de 2002, 12 casos más permanecieron sin resolver y continuarían siendo un problema mayor en las relaciones entre Corea del Norte y Japón.

 

En octubre de 2005, Corea del Norte reconoció por primera vez haber secuestrado ciudadanos de Corea del Sur en décadas anteriores, diciendo que varios de los secuestrados todavía estaban vivos. En junio de 2006 permitieron a Kim Young Nam, un surcoreano secuestrado por el norte en 1978, participar en una reunión familiar.

 

Como está claro, el gobierno detiene y encarcela personas a voluntad. Han habido personas “desaparecidas”, sacadas de sus casas y enviadas directamente a campos de prisioneros. El Ministerio de Seguridad Pública decide quién será castigado y el Ministerio de Seguridad del Estado decide cuál será la pena. En ocasiones el acusado tiene representación, pero el papel principal del abogado es persuadir al acusado de que confiese[3].

 

El impresionante reporte titulado “El Gulag escondido: exponiendo los campos prisión de Corea del Norte” reúne los testimonios de 30 norcoreanos que han experimentado la vida en prisión, algunos como prisioneros y otros como guardias. Fue compilado por un veterano investigador de derechos humanos, David Hawk, quien trabajó documentando eventos dramáticos como el genocidio camboyano en la década de 1970 y la matanza de Rwanda en la década de 1990.

 

Este informe arroja luz sobre dos frases coreanas que definen los dos principales niveles del sistema de campos de prisioneros y merecen ser aprendidos en Occidente, como una vez tuvimos que absorber el término gulag para comprender el sistema soviético. La primera expresión es kwan-li-so, cuya traducción es “colonias de trabajo para prisioneros políticos”, en las cuales los ofensores políticos son sentenciados de por vida incluso sin juicio, sin recurso, a veces con tres generaciones de sus familiares como ya dijimos, y a veces sin que siquiera sepan por qué están allí. Hay seis o siete de esas kwan-li-so, enclaves de enorme extensión de los cuales casi nadie regresa nunca[4], y en los cuales – explica el Sr. Hawk, “la característica más prominente de la vida día a día en el campo-cárcel de trabajo es la combinación de raciones de alimentos por debajo de la subsistencia y un trabajo muy duro”.

 

La otra frase es kyo-hwa-so, que significa “campos-prisión de trabajo de largo plazo”, en los cuales son sentenciados tanto ofensores políticos como criminales comunes por términos específicos de tiempo y hay cierta pretensión de “reeducación a través del trabajo”. Pero en esos campos, cuenta este informe, “la pérdida de la vida ocurre en tan alto número que muchos de los kyo-hwa-so son percibidos por los prisioneros como campos de muerte en los que esperan morir antes de completar su sentencia”. Más allá de eso, hay centros de detención especial – especialmente brutal – para norcoreanos forzadamente repatriados después de intentar huir hacia China, y devueltos para sufrir las consecuencias de su “traición”.

 

Peor que todo lo mencionado – como dice en el informe – es la lista de historias que detallan el asesinato rutinario de bebés nacidos de prisioneras, como lo contaron ocho testigos por separado. Un común denominador es que cuando las mujeres embarazadas son forzadamente repatriadas después de huir hacia China, es política asesinar a sus recién nacidos, porque pueden haber sido hijos de hombres chinos. Una historia incluso describe detalles macabros de bebés golpeados en el suelo hasta morir, con sus madres obligadas a mirarlo.

 

En otra entrevista, una ex-prisionera, abuela de 66 años identificada como “detenida número 24” para proteger a sus familiares que tal vez aún estén vivos en Corea del Norte, describe haber sido asignada para ayudar en el parto de bebés que eran luego arrojados de inmediato en cajas plásticas para que muriesen allí[5].

 

Por otra parte, como ya dijimos antes los prisioneros reciben sólo el nivel de comida que impide su muerte por hambre a la vez que son forzados a realizar trabajos agotadoramente largos y fuertes. Es esta combinación la que convierte en general a los campos de trabajo en verdaderos campos de muerte.

La práctica de producir hambre entre los prisioneros es un mecanismo para “mantener control sobre los reclusos”. Por ejemplo, los prisioneros reciben una cuota estricta y con frecuencia irreal de trabajo diario. Si fallan en cumplir esa cuota, ven aún más reducidas sus raciones de comida. Esto obliga a los prisioneros a trabajar tanto como puedan para evitar las reducciones de comida. Como las raciones son igualmente insuficientes, las enfermedades y muerte causada por desnutrición son muy comunes en los campos.

 

Un ex carcelero informó que en Campo Prisión Nro. 22 (que tenía alrededor de 50.000 prisioneros), 1.500 a 2.000 morían sólo de desnutrición y enfermedades relacionadas cada año[6]. Ese mismo guardia declaró que la mayoría de los que morían eran niños, que eran retenidos allí a pesar de su juventud, indefensión y total inocencia[7].

 

Para asegurarse de que los prisioneros se mantengan a un nivel cercano a la muerte por hambre, los intentos de obtener comida no autorizada, incluso malas hierbas, son castigados con golpes y ejecución[8].

 

La práctica del hambre de prisioneros constituye por sí misma una exterminación porque es “la imposición intencional de condiciones de vida, entre otras cosas, la privación de acceso a comida… calculada para destruir una parte de la población”[9].

 

No siendo suficiente con ello, obligan a los reclusos, incluyendo una vez más y por desgracia a los niños, a realizar trabajos demandantes y peligrosos en los campos de prisioneros. Las condiciones de trabajo carcelarias llevan a un 20 a 25% de la fuerza laboral a muerte por exceso de trabajo cada año[10]. Los trabajos incluyen: minería, cortes de madera, producción agrícola y costura. Además de las muertes, muchos prisioneros terminan amputados o discapacitados por accidentes debidos, en general, a que las condiciones en que les ponen no tienen ningún tipo de protección.

 

El trabajo forzado constituye “esclavitud” porque el gobierno de Corea del Norte está “ejerciendo los poderes unidos al derecho de propiedad sobre una persona”, forzando a los prisioneros a trabajar bajo condiciones peligrosas, reducidos a un estado de servilismo[11].

 

Además del trabajo forzado y el hambre, el gobierno norcoreano usa sistemáticamente la tortura para interrogar prisioneros como castigo en las prisiones políticas. Los presos políticos son torturados primero cuando son detenidos, en un esfuerzo por hacerlos “confesar”[12] al mejor estilo estalinista y chino. Una vez puestos en el campo, con frecuencia vuelven a ser torturados como castigo. Muchos informaron que los guardias golpean tan terriblemente que han visto salirse los ojos de la víctima, o quedar expuestos sus huesos[13]. También son puestos en confinamiento solitario en recintos muy pequeños. Una de sus variantes es la “caja del sudor”, una celda tan pequeña que una persona no puede pararse bien ni recostarse dentro. Un prisionero encerrado allí no tiene permitido moverse y casi no recibe comida, sobreviviendo con la ingestión de los insectos que entran en la caja[14]. Los prisioneros con frecuencia se congelan y sus cuerpos quedan cubiertos de llagas.

 

Soon Ok Lee, prisionera de la cárcel Kaechon en Corea del Norte por siete años, publicó sus memorias y testificó sobre su experiencia ante el Congreso de Estados Unidos. Su historia da un ejemplo claro de la vida que llevan los así recluidos. La información aquí vertida es de “Una sobreviviente: 7 años de tortura en un campo de prisioneros en Corea del Norte”.

 

Allí cuenta que fue encarcelada por siete años en el campo de lavado cerebral político Kaechon en la provincia Pyungbuk. Permaneció allí desde 1987 hasta enero de 1993. Al ingresar tenía 39 años. Había trabajado hasta entonces en una oficina de suministros, y era gerente general. Fue recluida porque la economía norcoreana estaba en recesión y el suministro de materiales no estaba en buenas condiciones. Leamos un extracto de sus propias palabras:

 

“En la Prisión Kaechon había más de 6.000 prisioneros. Todos ellos eran prisioneros políticos y eran tratados como bestias. Y los guardias de la prisión decían a los prisioneros, ‘Ustedes no son seres humanos. Deben pensar que son bestias; de otra forma no sobrevivirán’.

 

No todos los reclusos estaban ideológicamente en contra del gobierno – simplemente eran miserables por la falta de comida, y cuando pronunciaron una palabra de queja, se consideró que representaban un problema ideológico.

 

Entre los casi 7.000 prisioneros había alrededor de 2.000 esposas cuyos hijos estaban en casa, y después de un mes de mi vida en la cárcel vi que las ejecutaban públicamente.

 

Vi a una joven esposa que tenía niños de 5 y 7 años. La vi forzada a venir a la cárcel, y ella gritaba: ‘tengo hijos pero yo he sido encarcelada, y mi esposo fue encarcelado, y ahora los niños morirán de hambre en casa’. Y vi cómo la ejecutaron, en frente de los 6.000 prisioneros. Había seis verdugos con tres balas cada uno. Dispararían 18 tiros al corazón. Nosotros no éramos prisioneros de guerra y no éramos enemigos, pero ejecutaron a una madre de niños de esa manera.

 

En la prisión había muchos cristianos. Y desde la Guerra Coreana – en Corea la llaman Guerra del 25 de junio – el enemigo número uno es Dios. Kim Il Sung odiaba a Dios por sobre todo.

 

Entre 1956 y 1963 muchos cristianos fueron encarcelados, y el resto de sus familias fueron encarceladas en otras cárceles para familias.

 

En la Prisión Kaechon, yo creía en Dios y fui pateada por los guardias, y tenía que trabajar en la fábrica de herrajes. Ese tipo de trabajo se hace bajo una alta temperatura, y mi columna vertebral comenzó a encogerse. Y mi altura pasó a ser de 120-130 centímetros. Era tratada como un animal. Mi espalda se curvó como una pelota de fútbol, la distancia entre mi corazón y estómago se estrechó, y mis hombros estaban pegados a los huesos. Parecía como un animal extraño.

 

Me sentía como si tuviese dos cabezas, porque el hueso de mis hombros sobresalía demasiado. Sentí que me había convertido en un extraterrestre, no en un ser humano de este mundo. Era tratada como una bestia, como una esclava.

 

Fui golpeada con una correa de cuero de 10 centímetros de ancho y 1,5 metros de largo. Y fue pateada con botas. Y me convertí en un extraño animal. Experimenté esa atrocidad durante mi vida de prisionera. Por siete años sólo tuve 100 gramos de maíz para cada comida. No tenía otra comida. Ni siquiera una vez. Una torta de maíz de 100 gramos. Y me daban una pequeña taza de agua salada. Si alguien no cumplía su deber diario, entonces la porción sería de la mitad: 50 gramos.

 

Era simplemente una prisionera bajo la dictadura. Bajo esa dictadura no podemos decir nada y no podemos sonreír, no podemos mostrar lágrimas ni caminar libremente, y éramos forzados a ir al baño sólo tres veces al día. No puedo creer que sobreviviera ante ese control, incluso controlando mis funciones físicas y bajo la presión de rifles y cuchillos.

 

Quedé realmente impactada cuando Kim Il Sung estaba vivo y trató de fabricar armas bioquímicas. La prueba no era en animales sino en seres humanos, ‘porque nuestro enemigo no es un animal, sino un ser humano’. Esas eran las instrucciones de Kim Jong Il, y ellos las probaban en prisioneros en lugar de animales. Vi muchas pobres víctimas. Cientos de personas se convirtieron en víctimas de pruebas bioquímicas.

 

En esa cárcel había 6.000 prisioneros, y hay un total de 200.000 prisioneros políticos[15] en Corea del Norte. En el tiempo de mi encarcelamiento vi más de 2.000 esposas y mujeres embarazadas. Y hay una ley de que los prisioneros políticos no continúen su descendencia, por tres generaciones. Para detenerlas, entonces, fueron forzadas a abortar a sus niños. Pusieron agua salada en el vientre de las mujeres con una larga jeringa, para matar al bebé, incluso si la mujer estaba de ocho o nueve meses de embarazo. Y entonces, en ocasiones nace un niño vivo, y entonces si eso ocurre los guardias patean al bebé hasta matarlo. Vi a un bebé que lloraba con dolor. Nunca lo olvidaré.

 

Una vez tomaron a 50 personas de nuestro grupo, las pusieron en un auditorio y les dieron un pedazo de repollo coreano hervido, y tan pronto como se lo comieron, salió sangre de sus bocas y anos. Y murieron. Vi que en 20 o 30 minutos murieron de esa forma en ese lugar. Viendo esa escena enloquecí. ¿Era realidad o una pesadilla?

 

Durante 1990, ‘91 y ‘92 trataron más estrictamente a los cristianos. Fueron enviados a un lugar de trabajo separado. En ese tiempo, 30 prisioneros fueron pateados por las botas de los guardias. Luego les tiraron agua hirviendo encima. No hay otro infierno como el de Corea del Norte.

 

Experimentamos malnutrición, y cuando alcanzábamos el tercer grado de desnutrición – la peor condición – cuando tomábamos agua o comíamos pan, salía por el ano inmediatamente.

 

En la cárcel había ratas. Allí se hacían bienes de cuero, así que hay muchas ratas. Cuando podíamos atrapar una rata, pensábamos que era un día afortunado. Si nos encontraban atrapándolas, éramos puestos en celdas de confinamiento solitario. No podíamos cocinar la rata, así que la comíamos cruda. Cuando come un pedazo de pan y agua salada y pasa un año así, el ser humano pierde el sentido del gusto. Podíamos comernos las ratas sin sentir el sabor.

 

Cuando estuve allí, había 24 campos de prisión. Después de eso se redujo el número a la mitad. Sin embargo, hay 200.000 prisioneros y en otro tipo de prisiones otros 200.000. Un total de 400.000 prisioneros. Todos los norcoreanos saben que hay cárceles, e incluso niños de tres años saben que hay cárceles y cuando lloran se les dice: “serás enviado a un campo de prisión”, y dejan de llorar. La gente es muy cuidadosa de expresar su opinión, incluso una palabra, porque no saben cuándo será capturada y encarcelada si dice algo incorrecto”.

 

Por su parte, Shin Dong-hyuk[16] dice que fue torturado y vio a su madre ahorcada y su hermano disparado a muerte. A pesar de que escapó al Sur, ha encontrado gran dificultad para aprender a vivir simplemente una vida normal allí.

 

Su testimonio comienza con la historia de su nacimiento en el campo Nro. 14, de padres cuya unión fue arreglada por guardias de prisión. Como premio por su excelente trabajo como mecánico, su padre recibió a la mujer que sería su madre. Shin vivió con ella hasta que tuvo 12 años, cuando lo sacaron para enviarlo a trabajar con otros niños.

 

Shin describió el común y casi rutinario salvajismo del campo: la violación de su sobrina por guardias de prisión y los golpes hasta morir de una niña que fue encontrada con cinco granos de trigo no autorizado en su bolsillo. Él mismo una vez encontró tres granos de maíz en un montón de estiércol de vaca, los recogió, limpió con la manga y se los comió. “Así de miserable como puede parecer, ese fue un día de suerte”, dijo.

 

Kwon Hyok, un ex agente de inteligencia norcoreana, terminó persuadiéndose de desertar hacia el sur y finalmente relataría los horrores que vio en el campo en el cual trabajaba.

 

Explicó que “en Corea del Norte los prisioneros políticos son aquellos que dicen o hacen algo contra el presidente muerto Kim Il Sung, o su hijo Kim Jong Il. Pero también está incluida una amplia red de parientes”.

 

La tortura, dijo, era una rutina. “Los prisioneros eran como cerdos o perros. Podías matarlos sin preocuparte de si vivían o morían”. Luego describió la tortura del agua, la de colgarlos, la caja de encierro y cómo él mismo ordenó ejecuciones públicas en el campo, no sólo para los que trataban de escapar sino también para toda su familia y las familias de sus vecinos, llegando a ejecutar a 31 miembros de cinco familias por el “crimen” de uno de ellos.

 

Contó también que había presenciado experimentos químicos sobre prisioneros políticos en cuartos construidos especialmente en el campo. Varios gases diferentes, incluyendo a uno que llamó Vinyla, relacionado con la fibra artificial Vinalon. Describió las instalaciones- cuartos de vidrio dentro de otra sala mayor – sellados y con una ventanilla de ventilación por donde entraba el gas. Por encima había una galería de observación donde los científicos contemplaban la agonía de sus víctimas.

 

“La escena más inolvidable que recuerdo fue cuando vi a toda una familia morir. Fueron metidos en el cuarto y los vi sofocarse a todos hasta la muerte. La última persona en morir fue el hijo más pequeño que estaba llorando por sus padres hasta que murió”.

 

Luego explicó que las víctimas más jóvenes de estos experimentos eran niños y los mayores estaban en su sexta década de vida. Eran escogidos por otros y llevados al cuarto para ser desnudados y recibir el “tratamiento”. Antes de su ingreso se chequeaba que no estuvieran enfermos.

 

Al ser preguntado, “¿qué sentía usted al ver morir niños?”, su respuesta fue: “No sentía simpatía en absoluto porque me habían enseñado a pensar que ellos eran todos enemigos de nuestro país y que todos los problemas de nuestro país eran su culpa. Así que yo sentía que merecían morir”[17].


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s