Nido de viboras, El gran fraude de Sictuhsa

Sospechoso incendio de camiones de Sictuhsa

SSSSSSSS… Sospechoso para la inmensa mayoría de los usuarios, transportistas y en términos generales a quienes vivimos en esta ciudad, el incendio que arrojó como saldo la pérdida total de nueve autobuses de la Sociedad Integradora y Concentradora del Transporte Urbano de Hermosillo, S.A. (Sictuhsa) la noche de este martes y más, por la forma en que sucedió.

Los fuertes intereses que se sabe de sobra, existen al interior de la organización del autotransporte de la capital del estado,  hacen dudar que la causa de la conflagración haya sido una simple falla eléctrica en una cisterna, al momento de estar abasteciendo de diesel a las unidades que iban llegando al depósito nocturno de autobuses, puesto que en el Centro de Pernocta donde normalmente estacionan 400 de esas unidades cada noche, a decir de algunos concesionarios, es prácticamente imposible que se haya dado  ese desperfecto que derivó en la tremenda conflagración, la cual amenazó con extenderse al resto del patio y las viviendas aledañas, cuyos habitantes tuvieron que ser desalojados.

Por fortuna, no hubo ni una sola persona lesionada, pero, dada la gravedad de lo ocurrido, se hace urgente y necesaria una investigación a fondo, porque hay varias versiones de interesados en señalar a miembros de las competencias internas, como los provocadores de estos sucesos que pudieron terminar en un cosa mucho más seria, de haberse extendido el fuego a más unidades.

 

 

Los camiones requieren refacciones diarias y mucho dinero para ello.

El negocio dejó de ser bueno cuando unos cuantos decidieron echarse el dinero a la bolsa. El motín: 9 millones de pesos a cambio de diésel ‘fantasma’.

Estando adentro de la empresa Sictuhsa, el comisario Heriberto Ortega Ruiz se dio cuenta de que algunas cosas olían mal.
Como encargado de la vigilancia de los recursos se enteró en agosto de 2009 que había un fraude millonario con la compra de diésel y que tenía su origen desde 2008, exactamente en el lugar donde está la sede de la compañía operadora del transporte público de Hermosillo.
El fraude ocurría allí mismo, en el aparcadero de camiones del bulevar Lázaro Cárdenas, al norte de esta ciudad de Sonora, donde se debe pasar un filtro de seguridad e identificarse plenamente antes de ingresar.
Sólo algunos lo sabían, pues como ocurre en estos casos el objetivo es mantener siempre el secreto. Uno de los enterados era el socio Felipe Figueroa Guerrero, que en 2008 trabajaba como supervisor de combustibles en el turno nocturno, bajo las órdenes del entonces presidente de la compañía, Medardo Chávez Sánchez.
Su trabajo era recibir las pipas cargadas de combustible para llenar los tanques de alrededor de 400 camiones y dejarlos listos para el día siguiente. Había varias empresas proveedoras, pero una en particular, llamada Kino Combustibles, había logrado un acuerdo ilegal y clandestino para surtir menos diésel y facturar litros completos, un negocio que hizo perder a los concesionarios del transporte público casi 9 millones de pesos en un año.
“Yo mismo regresé pipas de Kino Combustibles porque se trataba de otro tipo de diésel para barcos, subsidiado, mismo que yo identificaba por el color y textura. Por cierto que cuando me ponía exigente respecto al tipo de combustible que traían las pipas o que no venían totalmente llenas, lo que hacía Chávez era ordenar que me dieran vacaciones pagadas por 6, 8 y hasta 15 días con goce de sueldo, sin que me correspondieran esas vacaciones, para poder colocar en mi lugar a cualquier otra persona, misma que coludida con el chofer de la pipa y con un alto funcionario de la empresa proveedora de combustible, alteraban notas”, narró Figueroa, después de que fuera despedido finalmente de la empresa, acusado por Medardo Chávez Sánchez de ser él quien estaba cometiendo el fraude, seguramente por su trabajo como supervisor de combustibles.
El error de Figueroa era firmar las notas de recepción de diésel, que posteriormente Kino Combustibles facturaba y exigía el pago natural a la empresa transportista. Así pasó parte de 2008 y casi todo 2009 y parece que nadie se había dado cuenta.
El comisario Heriberto Ortega Ruiz ordenó una investigación interna y pudo descubrir que en todo ese tiempo se habían fugado casi 9 millones, lo que lo obligó, junto con otros dos comisarios del Consejo de Vigilancia, a emitir el 27 de agosto de 2009 sendas recomendaciones a los directivos de la empresa para que se resarciera el daño, que significaba afectaciones directas para todos los socios concesionarios.
Para esa fecha se había interpuesto una denuncia penal contra Felipe Figueroa Guerrero y contra los dueños de Kino Combustibles.
“Solicitamos mantenernos informados ampliamente del rumbo que llevan las acciones para la reparación del daño y el castigo de los responsables”, exigió Ortega.
A pocos días de enfrentar la demanda, Felipe Figueroa Guerrero fue absuelto al no comprobársele su participación en el fraude y, en contrarrespuesta, exigió una indemnización y acusó directamente a Medardo Chávez Sánchez de ser el único responsable del desfalco, en complicidad con la empresa proveedora de combustibles.
Figueroa había librado la demanda, pero Kino Combustibles todavía no. Sus dueños negociaron con la directiva de los transportistas y les aseguraron que devolverían hasta el último centavo, surtiendo de combustible todas sus unidades. Así lo hicieron. Ese mismo 2009 se cortó cualquier relación entre ambos. También se retiró la demanda en contra del proveedor.
Malos manejos
A los concesionarios de la Sociedad Integradora y Concentradora del Transporte Urbano en Hermosillo (Sictuhsa) no les quedaban ganancias. Entre 2008 y 2009 no recibían subsidios de parte del gobierno, estaban maniatados para incrementar el costo de la tarifa y, por si fuera poco, habían dejado de percibir casi 9 millones, producto del fraude. Era una situación caótica.
Adicionalmente, había comenzado a darse una división de socios que lucharon por obtener el mando y la relación no llegó a buenos términos.
Por eso, un grupo de concesionarios disidentes decidió revelar parte de los malos manejos financieros que los ha llevado a quedarse con casi nada.
Según este grupo, que prefirió el anonimato y entregó copias de documentos oficiales y facturas de Sictuhsa, el 9 de diciembre de 2006 se realizó una asamblea de socios para informar sobre los ingresos derivados de movimiento diario de pasajeros en Hermosillo.
Ese día se informó que había 310 mil pasajes cada día, según consta en el Acta de Consejo insertada en el Registro Público de la Propiedad. Sin embargo, en otras actas de 2008, 2009 y 2010 se especificó una cantidad menor, por 220 mil pasajes diarios, en un movimiento que resultó increíble para los concesionarios.
“Por crecimiento natural de la ciudad es entendible que aumenta el pasaje en Hermosillo. Aquí en tres años bajó a 220 mil pasajes. Con fundamento en esa acta de consejo, estamos viendo que eso es imposible”, dijo uno de ellos.
Esta diferencia en los aforos provocó que hubiera críticas para los directivos de Sictuhsa, pues se creía que habían ocultado 100 mil pasajes diarios para no reportar los ingresos. Anualmente, la empresa percibe más de 350 millones de pesos sólo por los pagos que hacen los pasajeros.
Facturas infladas
Además del fraude del diésel y la notoria reducción de pasajes, los concesionarios encontraron una especie de desfalco con las refacciones de sus camiones, lo que fue considerado como uno de los motivos por los que no les quedaban suficientes ganancias.
En enero de 2011, algunos disidentes pudieron ingresar al almacén donde se guardan celosamente los documentos contables de Sictuhsa y obtuvieron algunas facturas.
Tras una revisión simple notaron que los directivos habían adquirido refacciones, por montos exagerados que no correspondían a la realidad, a una empresa comercializadora que tiene como dueño a uno de los socios, identificado como Sergio Vázquez.
La empresa Daniliz les había surtido embragues y balatas a precios individuales que alcanzaban los nueve mil pesos, cuando en otras refaccionarias los costos eran hasta un 50 por ciento menores.
“Hay balatas de 450 pesos de la misma marca y la misma característica que en Motores y Partes Diésel, donde valen 250 pesos. Se está inflando muchísimo, una cosa impresionante, los costos de los insumos. Este es un pequeño bosquejo de cómo se ha estado manejando la empresa en pasaje, insumos y diésel”, comentó otro de los disidentes.
En esta maraña de fraudes y supuestos malos manejos hay una versión que no debe pasarse por alto, la del actual presidente del Consejo de Administración de Sictuhsa, José Luis Gerardo Moreno.
En una entrevista realizada en su oficina confirmó la existencia del fraude por la adquisición de diésel y justificó las escasas ganancias por una crisis financiera interna provocada por la falta de subsidios gubernamentales, por no poder aumentar la tarifa desde 2006 y porque aumentaron los precios de las refacciones. Su versión es la segunda parte de este reportaje.

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