CANTAN PARA EL NARCO

LAS NARCOFIESTAS

Del corrido de la moraleja, de inicios del siglo XX, los músicos populares pasaron al narcocorrido y, ahora, al vallenato, para cantar a capos. Pero el riesgo es enorme y sus consecuencias de alto impacto. La relación de los músicos y los capos de la mafia en México existe, pero su comprobación es una cuestión complicada, asegura un especialista en el estudio del “narcocorrido”. “Hay una relación entre esa gente de dinero y los músicos, pero lo que es difícil documentar, es cómo es exactamente la relación de un determinado cantante y un determinado narcotraficante”, expone Juan Carlos Ramírez-Pimienta. El investigador de la San Diego State University- Imperial Valley y autor del libro Cantar a los narcos: voces y versos del narcocorrido afirmó a SinEmbargo que la forma en que se corresponden ambas figuras es variable. “El hecho de que alguien le cante a un capo puede interpretarse de varias maneras: puede ser que el capo le diga ´componme un corrido´, puede ser que el capo ni lo haga en este mundo y el cantante para granjearse al capo le haga un corrido”, describió el antropólogo del corrido. En la mayoría de los casos, dijo, el artista compone este tipo de canciones para aparentar conocer a la figura y que está “contactado” con el medio de la delincuencia. La reciente muerte del grupo de música colombiana Kombo Kolombia, en el norte de México, ha puesto de nuevo sobre la mesa este trato de algunos “gruperos” y miembros de las células del narco. El pasado 24 de enero, 13 músicos, tres miembros del staff y un ingeniero de audio de Kombo Kolombia fueron asesinados por el cártel de Los Zetas. Los artistas fueron contratados para tocar en una fiesta privada en el municipio de Hidalgo, Nuevo León, aproximadamente a 35 kilómetros de la capital Monterrey, de donde después de la media noche fueron llevados por un grupo armado al vecino municipio de Mina. En una finca abandonada fueron asesinados y sus cuerpos arrojados a una noria; las autoridades apuntan como autor de la masacre a José Isidro Cruz Villarreal, “El Pichilo”, líder de esta banda criminal en varios municipios de esa región. “Porque realizaban presentaciones en lugares controlados por el Cártel del Golfo”, determinó el vocero de Seguridad en el estado, Jorge Domene Zambrano.

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No sólo Chespirito y Juan Gabriel figuran en la lista de invitados especiales a las fiestas del narcotraficante colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela, actualmente preso en Estados Unidos y ex líder del cártel de la droga de Cali, según el libro El hijo del ajedrecista, escrito por el hijo del narcotraficante de nombre Fernando Rodríguez Mondragón

Alejandro MadrigalNo sólo Chespirito y Juan Gabriel figuran en la lista de invitados especiales a las fiestas del narcotraficante colombiano Gilberto Rodríguez Orejuela, actualmente preso en Estados Unidos y ex líder del cártel de la droga de Cali, según el libro El hijo del ajedrecista, escrito por el hijo del narcotraficante de nombre Fernando Rodríguez Mondragón.

Ayer salieron a la luz pública los nombres de La Chilindrina, Óscar D’León y la cubana Albita Rodríguez como amenizadores de las reuniones de los narcotraficantes.

En entrevista para la agencia de noticias AP, el hijo del narco colombiano, Fernando Rodríguez Mondragón, dijo que “para el matrimonio de mi hermano estuvieron (los salseros) Óscar D’León, Ricarena y (el grupo) Niche en una fiesta (que duró) hasta las 10 de la mañana; al día siguiente, para el cumpleaños de su abuela, la cubana Albita Rodríguez y para un festejo de su tía Amparo tocó El Gran Combo de Puerto Rico “y para las fiestas de los niños, El Chavo del 8, La Chilindrina y El Profesor Jirafales”.

‘Chespirito’ prepara desmentido

Roberto Gómez Bolaños, Chespirito desmentirá, de un momento a otro, lo publicado en el libro El hijo del ajedrecista, que lo liga a las fiestas del narcotraficante colombiano.

Ayer trascendió que el creador de El Chavo del 8 mandará un comunicado para deslindarse de su amistad con dicha familia. De acuerdo con la representante de Gómez Bolaños, Chespirito escribe una carta dirigida a los medios para limpiar su nombre.

“Hasta el momento está redactando dicho documento, pero sus labores como guionista de la película sobre El Chapulín Colorado lo detienen. En el libro se publicaron los nombres de sus personajes, entre ellos La Chilindrina y El Profesor Jirafales, los cuales nunca estuvieron presentes”, precisó la representante.

Rodríguez Mondragón contará sus vivencias de niño, joven y adulto y cómo se enteró de los negocios de su padre y los políticos que le ayudaron.

El hijo del ajedrecista tiene que ver con el sobrenombre de Rodríguez Orejuela, por su habilidad para burlar a la justicia y a sus rivales.

En México y Estados Unidos han existido un sin número de compositores e intérpretes musicales que han compuesto o cantado “corridos”  dedicados a narcotraficantes. Esta cultura del “narcocorrido” tiene sus inicios en la década de 1930 con el corrido de “El Pablote”, escrito en 1931 y dedicado a Pablo González, también conocido como “El Rey de la Morfina”. “Era México- texano y la grabación se da en Estados Unidos; “El Pablote” murió a finales de 1930 y él y su esposa Ignacia Jaso, conocida como “La Nacha”, son digamos como los bisabuelos del Cártel de Juárez”, relató Juan Carlos Ramírez-Pimienta. “La Nacha” controlaba la venta de morfina y marihuana en Ciudad Juárez desde mediados de los años veinte desplazando a los emigrantes chinos, quienes eran los dueños de la plaza a principios del siglo pasado, liderados por Carlos Moy, Manuel Chon, Manuel Sing y Sam Lee. A diferencia de los corridos de la actualidad, que tienen como propósito celebrar las hazañas y matanzas de los capos de la mafia y mandar mensajes a grupos rivales, este género musical inició como un lamento que siempre dejaba una moraleja. El investigador del corrido comentó que estas canciones se hacían “digamos desde la cárcel y la canción es una suerte como de lamento, diciendo ´estoy encarcelado por andar en malos pasos´”. A esto se le llamaba “El lamento del prisionero”, baladas que históricamente se escriben en diversos países europeos dejando siempre un mensaje. Ramírez-Pimienta aclaró que en el corrido de “El Pablote” como en todos los de su época, no se mencionan armas ni su relación con el narcotráfico y en cambio se detalla la forma en que murió debido a su necedad y prepotencia. El corrido más representativo es “Contrabando y traición”, aunque, advirtió el experto, es una canción muy “suave” en comparación con lo que se canta ahora. La historia del narcocorrido está totalmente ligada a factores como la situación económica del país, los tiempos de prosperidad del narcotráfico, el estado de bienestar de la ciudadanía, así como los tiempos de guerra, como los que se viven en los últimos años en México. “Por ejemplo en los años de mayor oscuridad en México, en los años 50 y 60 es bien difícil encontrar narcocorridos, yo he encontrado muy pocos y en los 70 –del siglo pasado– vuelven y ya no se van”. Es la opulencia con la que viven, lo que los acerca a los músicos “saben que pueden morir muy pronto, se gastan el dinero en placeres y cuando tiene mucho dinero, una manera de gastarse el dinero es escuchando música y contratando grupos para sus fiestas”.

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JENNI RIVERA: 22 SEGUNDOS PARA MORIR…

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Una persona cercana me reveló: “Anoche tuve un sueño terrible: mi novio era asesinado a cuchilladas y nada pude hacer para ayudarlo. Lo vi caer muerto frente a mi ventana”. Las palabras “era” y “vi” le inyectaban al relato un contenido distante a “mi” realidad cotidiana, pero impulsaba al subconsciente a relacionar ese hecho como algo extraordinario, tan relevante como nuestra propia “muerte”. La palabra en si misma estrujaba la sinrazón y el encomio a la vida.

Después me enteraría, por boca del titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, que la avioneta LearJet que transportaba a la cantante mexico-estadunidense, Jenni Rivera, tardó veintidós segundos para estrellarse. “La madrugada del domingo 9 de diciembre –explicó el funcionario–, (la avioneta) cayó desde 28 mil pies de altura (8 mil 500 metros) a una velocidad superior a los mil kilómetros por hora, o sea la aeronave tardó alrededor de 22 segundos en estrellarse”.

La artista y sus seis acompañantes, entre ellos el piloto y el copiloto, tuvieron que enfrentar el horror de la muerte en esos fatídicos veintidós segundos irrepetibles. Cada cuerpo inmerso en su propia energía vital desarrolló una especie de droga somnífera para invalidar el dolor y soportar el desgarramiento y estallamiento de la piel y las vísceras. De la luz interior reinó la oscuridad y el silencio.

El hecho me hizo reflexionar sobre la importancia de ese momento irreversible: la muerte. No importa la manera o el cómo perderemos la vida. El misterio de la existencia es tan cierto como el misterio de la concepción de la vida. Por ejemplo, dos días después de la muerte de Jenni Rivera, en Cuba, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías tuvo que sumergirse en las aguas profundas de la irracionalidad y, desnudo, ser horadado por cuatro médicos cirujanos para extraerle tejidos contaminados por el cáncer. Seis horas estuvo sobre una plancha metálica, con las vísceras expuestas y palpitantes, y el cerebro desconectado de la realidad mundana.

La muerte es tan tangible como el sonido de nuestras pisadas. Uno está consciente que cada persona cercana ya es un cadáver manifiesto. Durante el trajinar de la vida, tenemos acceso a ese hecho y hay algo en el subconsciente que nos permite negar lo irremediable: el fin de la existencia personal. Uno va dejando tras la marcha sucesos y recuerdos. Al final, la muerte de los allegados o personajes construidos en los medios masivos de comunicación, se convierte en un asunto anecdótico. Difícilmente olvidaremos el detalle o la forma como dejaron de latir sus arterias por su paso en la tierra. Siete mil millones de humanos (6.973.738.433 en 2011, según el Banco Mundial) con su historia única y sus afectos y defectos a la vista de los otros. Entonces viene el recuento individual y la comprobación matemática, exacta y pura, de las mujeres y hombres que tuvieron nuestro contacto físico y sentimental. Seguramente la lista no podría extenderse a más de mil personas y todo se reduce a nuestro círculo mediato: parientes, compañeros de estudio o de trabajo, burócratas, maestros, médicos, enfermeras, adivinadoras, deportistas, actores o actrices, comerciantes, taxistas, prestadores de servicios, etcétera.

Después, ya adultos y conscientes, la lista se va achicando y ese hecho natural nos conmueve o alivia. En la mayoría de los casos, las primeras víctimas mortales son los abuelos y estamos obligados a asistir al sepelio, tal vez de la mano de la tía, mientras uno de nuestros padres se desgañita ante el féretro de su ser amado. El otro, inconmovible, con los ojos enrojecidos, impide que la o el sufriente intente arrojarse al hoyo donde es enterrado el abuelo o la abuela.

La muerte actualmente es un espectáculo de masas con cliquear algunas teclas de nuestro ordenador. Internet  y los grandes consorcios de cine y televisión, nos permiten recrearnos en silencio con el instante exacto en que alguien o algo le sustrae el soplo vital (alma, halito, anima…) a un ser semejante. Desde el año 2000, las ejecuciones y descuartizamientos de hombres y mujeres  pasaron a formar parte del subconsciente colectivo. Por ejemplo, Youtube ha llegado a convertirse en el vehículo visual y auditivo de un hecho intangible, pero veraz, como lo es ver a una persona hablando ante una cámara de video y en breves segundos ser consumido por la violencia y la muerte. Lo que era privilegio obligado de médicos y enfermeras (despedir el último aliento del paciente), es actualmente un espectáculo público y al alcance de cualquier niño que sepa maniobrar una computadora.

Los cárteles de la droga de todo el mundo no dudaron en utilizar Internet para intentar atemorizar a sus adversarios. Las sierras eléctricas, las armas de fuego, los tambos con aceite hirviendo, las sogas, alambres y cuchillos se convirtieron en protagonistas de esas historias de horror y terror. Los ejecutados ya no eran actores o actrices de cine o televisión, sino hijos o hijas de familia que intentaron modificar su condición social y terminaron descuartizados, en bolsas negras o consumidos por ácidos y fuego.

El asunto se agrava cuando alguien, como esa persona cercana a mi vida, me narra a detalle un sueño donde su prometido es asesinado a puñaladas y ante su mirada expectante. Toda la carga emotiva, producto del bombardeo infamante del poder mediático, nos convierte en rehenes del miedo. Lo natural termina siendo extranatural, ilógico y terrible. Sin embargo, personajes públicos como Jenni Rivera o Hugo Chávez Frías, permiten dimensionar esa verdad irreductible e irremediable, como es la muerte, y entender que el destino de la vida es un asunto serio y por lo tanto, vale la pena reflexionarlo y prepararnos para el buen morir.  Hasta el Jesús de Nazaret de Mel Gibson nos advierte que el dolor de la tortura física, es el sacrificio de la liberación de las generaciones subsiguientes. Busquemos la comprensión de este hecho.