CALDERON EN MADRID… Y BORRACHO…

CALDERON EN MADRID… Y BORRACHO…

adesnudoPor Everardo Monroy Caracas

Felipe Calderón Hinojosa ya se encuentra en un lujoso hotel de Madrid. En el lecho matrimonial, con sábanas de lino, Margarita Zavala, su mujer, no para de hablar, mientras el michoacano consume su botella de ron caribeño. El propósito es aislarse dos o tres días e intentar descansar. Nada de televisión, nada de prensa escrita, nada de llamadas telefónicas ajenas a los asuntos familiares.

Felipe tiene 50 años, porque nació en 1962, y en el primer minuto del sábado 1 de diciembre de 2012, dejó de ser presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. En sus seis años de gobierno, nada bueno pasó. Tras su paso por Los Pinos (casa presidencial)  generó luto, terror, horror, locura, tristeza excesiva, ira, confusión, hambre, agotamiento… Un ejército de paramilitares se adueño del país y los ayuntamientos se convirtieron en casas de seguridad de secuestradores, sicarios y ultranacionalistas.

¿Cómo fue posible que un solo hombre, no mayor al metro setenta, pudiese provocar tanto estropicio moral y material en un país con 127 millones de habitantes? ¿Hasta dónde la cultura presidencialista de los mexicanos pudo engendrar a un esperpento de esta dimensión que alentara tanto crimen, tortura y encarcelamiento de más de 250 mil personas que durante su infancia eran ajenos al destino funesto que les aguardaba?

Felipe Calderón es un dipsómano y sus mismos compañeros de partido (PAN) estaban enterados. Su antecesor, el caricaturesco y corrupto Vicente Fox también conocía sus debilidades y perversiones. ¿Lo subestimaron realmente o lo utilizaron para desatar un genocidio premeditado donde los pobres y viciosos serian las principales víctimas? ¿Se trató de una limpieza segregista, de la que tanto recomiendan los textos religiosos?

Tras los gruesos cortineros purpuras del hotel The Westin Palace, frente a la Plaza de las Cortes, el michoacano y Margarita disfrutan de una película, el final de “Crepúsculo”, y degustan un buen platón de fruta picada, yogurt holandés y, en el caso de ella, media jarra de jugo de naranja con melón. Felipe continua libando ron con cocacola y agua mineral, su debilidad.

Su blackberry sigue apagado, porque le horrorizaba enfrentarse a los millones de mensajes que no dejaban de recordarle que es “un asesino” y “un corrupto”. Durante el vuelo hacia Madrid, a escondidas de Margarita y en el sanitario, navegó brevemente por Facebook y el primer comentario que enfrentó le aflojó más el estomago: José Luis Lara Ortuño. 2 de diciembre de 2012 a las 0:20 (http://www.proceso.com.mx/?p=326664) :

Sólo tengo que decir QUÉ VAYA Y CHINGUE A SU REPUTISIMA MADRE, OJALÁ Y TE MUERAS DESPUÉS DE QUÉ LA VIDA TE COBRE CON LO QUE MAS TE DUELA, PINCHE BORRACHO USURPADOR DE MIERDA.IGUAL QUE A VICTORIANO HUERTA, LA HISTORIA TE PONDRÁ EN WL LUGAR QUE MERECES. TODO EL MAL QUE HICISTE EL DESTINO SE ENCARGARA DE TI Y DE LOS TUYOS. OJALÁ ( ES = DIOS QUIERA) Y NUNCA DESCANSES EN PAZ, MIL VECES MALDITO, MALNACIDO DE LA GRAN PUTA QUÉ TE PARIÓ.

De inmediato, apagó su celular y se puso de pie. No pudo evitar que su vaso con ron se derramara sobre sus piernas.

El mismo viernes 30 de noviembre, casi a las nueve de la noche, había presidido una cena de despedida en el Salón Presidentes del Palacio Nacional. Millonarios y burócratas de distintos países habían asistido a esa gala por simple morbo. Un comentario de Felipe Calderón, enfundado con la banda presidencial, y de espaldas a un gran cuadro con su figura, les había provocado una carcajada involuntaria:

–Los recibe un México donde prevalece una democracia plena, con una pluralidad vigorosa de partidos políticos, con una absoluta libertad de prensa, con plena separación de poderes independientes y equilibrados…

Ellos conocían la verdad de México y estaban conscientes que aquel hombre de baja estatura y con lentes era un mentiroso y dipsómano. Su presencia en el país era para defender los intereses políticos y financieros de los inversionistas privados que patrocinaron su arribo y estancia. El michoacano, minutos antes de ser el hazmerreir de los diplomáticos extranjeros, alcanzó a twittear en el mingitorio del Palacio Nacional:

“Gané, asumí, ejercí y trasladé la presidencia de México conforme a la Constitución. Plena Gratitud y pasión por México. #GraciasMéxico”.

De inmediato hubo respuesta:

Dr. Augusto Sánchez Sandoval. 2 de diciembre de 2012…

“A mi querido bohemio solo le faltó decir:

“Veni, vidi, vici”

“En este momento ha de traer una cruda moral revuelta con resaca que no quisiera estar en sus zapatos…” (http://www.proceso.com.mx/?p=326664).

Después vendría el zafarrancho del sábado 1 de diciembre. El edificio del Palacio Legislativo de San Lázaro (en la ciudad de México) se convirtió en un bunker para poder recibirlo y entregarle la estola tricolor a Enrique Peña Nieto, el otro timorato de los millonarios ultranacionalistas. Felipe Calderón fue recibido a gritos y no lo bajaron de asesino y corrupto. Sus mismos compañeros de partido guardaron silencio, porque estaban conscientes que el michoacano gobernó bajo un charco de sangre y dinero malhabido. En el exterior, sobre las calles adyacentes, miles de policías, militares y paramilitares gaseaban y reprimían a estudiantes y trabajadores. Traían consigna: “Defiendan a sus nuevos patrones con sangre y fuego…y no se tienten el corazón para partirle la madre a estos revoltosos…”

El saldo: más de 120 lesionados, una treintena de detenidos y un profesor universitario descerebrado, en estado vegetativo…

Ahora era distinto. Felipe y Margarita descansan sobre una mullida cama matrimonial. Ella ha optado por guardar silencio (después de un largo monólogo) y se involucra en el final de la película. Los vampiros humanos evitaron enfrentarse entre sí, porque descubrieron que la niña, la hija de los protagonistas principales, no representaba un riesgo para su especie. Felipe, ya consumido por el alcohol, alcanza a balbucir que tiene deseos de escuchar algunos corridos de José Alfredo Jiménez.

–¿Es posible traer un mariachi, mi amor?

–Ya duérmete y luego hacemos planes…

Felipe no puede evitarlo y empieza a tararear el corrido de “El perro negro…”

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