CARTA ABIERTA A LOS HABITANTES DE MEXICO .:1890. HUERFANOS DE IDENTIDAD… vacíos de sabiduría.

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Por Guillermo Marín. 
Investigador por la UNAM.
Promotor cultural de la Civilización del Anáhuac. 
Desde México, D.F. 
 
El mexicano promedio tiene una idea muy limitada, confusa y distorsionada de la historia antigua de su país. Le han quitado el derecho a poseer memoria histórica, es decir, conocer su raíz ancestral que es fruto de una de las seis civilizaciones más antiguas del mundo, por la cual tendría plena consciencia y una alta estima de sí mismo.
En su lugar repite inexactamente el discurso oficial del colonizador en donde los “aztecas” se convierten en la cultura más importante de los siete milenios y medio de desarrollo humano endógeno, desde la invención de la agricultura (6000 a.C.) hasta la invasión española (1521 d.C.).
El mexicano común, a diferencia del chino o del indio común, que están totalmente vinculados a su pasado, el mexicano se siente ajeno o muy distante a su Cultura Madre.
 
Por el contrario, es una ofensa y una deshonra que se le identifique con la cultura de sus ancestros. No sabe que fue la que logró el más alto grado de desarrollo humano en la historia del la humanidad.
 
La visión que ha logrado enquistar el “Estado Criollo” en la mente del pueblo de México es que “los prehispánicos” eran una civilización primitiva, guerrera, caníbal, que se la pasaban luchando permanentemente entre ellos para hacer horrorosos sacrificios humanos para satisfacer el apetito voraz de sus demoniacos dioses y sus veleidosos dirigentes.
Estas mentiras y patrañas que iniciaron Colón y Cortés para encubrir uno de los holocaustos más grandes de la historia de humanidad, pues no solo fue la matanza de más de 24 millones de personas, la destrucción de ciudades, la esclavización, tortura y violación, deportación, robo y despojo de riquezas y territorios, sino lo más grave:
“la negación de la calidad humana de sus habitantes”, la destrucción de sus culturas, sus lenguas, religión, arte, educación, alimentación, sistema de organización, sistema de conocimiento, en síntesis, la negación total de su existencia como civilización.
 
Esto se mantuvo de manera constante durante los trescientos años de Colonia y se ha mantenido de manera hipócrita en los doscientos años del periodo neo-colonial en el que vivimos.
Esta orfandad en la que vive el mexicano común lo hace presa de la explotación que ha sufrido en el sistema neo-colonial los dos últimos siglos.
 
En efecto, la pérdida de la memoria histórica y la identidad cultural deja a las personas, las familias y los pueblos como zombis, totalmente inconscientes indefensos y vulnerables.
La esencia de la colonización es la IGNORANCIA. La ignorancia de lo más esencial que un ser humano consciente debe saber: ¿Quién soy yo, de dónde vengo y a dónde iré?, ¿Cuál es la razón suprema de mi existencia?, queda diluido en un vacío que se trata de llenar infructuosamente con consumismo, diversión mediática, drogas permitidas y prohibidas, fanatismo religioso, sometimiento político y auto represión.
Una masa amorfa, individualista y desorganizada, dócil, inconsciente, acrítica es lo que necesitan unos cuantos para aprovecharse de todos.
 
China e India, culturalmente tan antiguos como nosotros, pese a haber también sufrido procesos de colonización jamás perdieron su memoria histórica y su identidad, los resultados es que ahora son naciones con mayor grado de desarrollo y mayor soberanía que México.
 
Los conquistadores-colonizadores (1521-1821) trataron de destruir la Civilización del Anáhuac por los medios más violentos y de lesa humanidad, desde las matanzas, destrucciones de ciudades, quema de códices y asesinato de sus maestros, sabios y dirigentes, hasta el sometimiento de la esclavitud y la imposición de un régimen de terror a través de la iglesia católica y la Santa Inquisición.
 
Posteriormente los criollos-neo-colonizadores lo han hecho a través de la exclusión del pueblo en “la construcción de su país”, en el que la mayoría de sus habitantes son herederos de la Civilización del Anáhuac pero están marginados de él, lo que da como resultado “El México profundo y el México” imaginario de Bonfil Batalla.
 
En efecto, el Estado Criollo trata de “rescatar, modernizar, globalizar” a su pueblo, pero al mismo tiempo no lo toma en cuenta, lo desprecia y lo esclaviza.
 
Paradójicamente, el Estado Criollo ha lesionado más la memoria histórica y la Identidad Cultural del pueblo anahuaca en los últimos 60 años que los 300 de Colonia y los siguientes 150 años del periodo neo-colonial, hasta que apreció la SEP, los medios masivos, especialmente la televisión y la radio.
 
En efecto, la Educación Pública en México, desde la misma concepción de José Vasconcelos hasta las prácticas gansteriles de la maestra Gordillo, ha sido un instrumento de sometimiento, control y enajenación. La Educación Pública en México está diseñada para mantener en la ignorancia total al pueblo.
 
En el mejor de los casos sirve para crear cuadros de empleados dóciles y consumidores acríticos, más nada.
 
Los medios masivos, especialmente la televisión y la radio se han creado como monopolios al servicio del Mercado que definen la vida política, social y cultural. Los medios gobiernan y los gobiernos administran obedeciendo a los monopolios mediáticos.
 
De esta manera, el problema fundamental de nuestra realidad es que no tenemos memoria histórica y por consiguiente Identidad Cultural como persona, como familia y como pueblo.
 
Vagamos a tientas y tropezones en el “Laberinto de la Soledad”, actuando como extranjeros incultos en nuestra propia tierra, tratando de ser algo que no somos, en todas las esferas de la vida nacional, desde nuestro rechazado fenotipo, pasando por la organización social, política, hasta la religiosa.
 
Si no sabemos quién somos, no sabemos qué queremos ni a dónde vamos.
Viviendo una permanente realidad esquizoide en la que el mundo subconsciente que afirma sus profundos cimientos en la civilización ancestral, siempre está en conflicto con el mundo de todos los días, el mundo impuesto por la colonización y neo-colonización.
 
Nos pasa algo parecido a lo que les sucedería a los chinos o a los indios si trataran de ser obcecadamente ingleses, rechazando y negando su milenaria identidad, tratando de ser “modernos” para parecerse a sus colonizadores.
 
El país en el que hoy vivimos tiene ocho mil años de desarrollo humano. Es algo que no se puede negar y que todos deberíamos saber. Aunque no lo sepamos racionalmente, aunque no lo aceptemos conscientemente, esta “experiencia y sabiduría humana” habita en cada uno de nosotros.
 
Este patrimonio se encuentra depositado en “el banco genético de información cultural”. En efecto, así como en cada célula de un organismo existe la información para crear una réplica del mismo organismo a través del DNA.
 
En cada individuo de una sociedad existe la información cultural de la civilización que lo generó, no puede ser de otra manera dado que no provenimos de probetas. En una civilización de ocho mil años, quinientos años no son significativos para desaparecer de su memoria los anteriores siete mil quinientos años.
 
Lo que hoy llamamos identidad “mexicana” tiene que ver con ocho milenios de existencia de generaciones y generaciones. Ha sido un grave error tratar de crear una “identidad nacional” tomando solo en cuenta los últimos 200 años y excluyendo los siete mil quinientos años de desarrollo endógeno de la Civilización del Anáhuac, una de las civilizaciones más importantes del mundo.
 
Por el contrario, ahí se encuentra lo más fuerte y prodigioso de nuestra identidad, sin dejar de tomar en cuenta las significativas apropiaciones culturales que la civilización del Anáhuac ha hecho en estos cinco siglos de todas las culturas del mundo con las que ha tenido contacto y que, por supuesto, la han enriquecido.
 
El pueblo amnésico tiene por fuerza, para terminar con la colonización, recuperar su memoria histórica para hacer consciente su Identidad Cultural, sus valores, principios y actitudes que crearon a lo largo de milenios la formación de la civilización del Anáhuac.
 
Se requiere desechar la versión oficial colonizadora que ha condenado al pueblo a la orfandad y que ha sido usada para hacer del Patrimonio Cultural del Anáhuac un medio para que la iniciativa privada, nacional y extranjera se enriquezca a través del turismo.
 
Se requiere evidenciar a los investigadores e historiadores, los “grandes santones de toga y birrete” que se han coludido con el Estado Criollo para hacer de la investigación de la Historia del Anáhuac, una serie de “actas de defunción de la civilización ancestral”.
 
Tan absurdo y aberrante como querer afirmar que la civilización ancestral de China e India hoy están extintas.
Colaboradores del sistema colonial que se encargan en sus cubículos y desde lo más altos de sus “curules académicos”, protegidos por las amuralladlas e inexpugnables instituciones de investigación de hacer creer al pueblo que la HISTORIA les pertenece a ellos y que “su objeto de estudio”, pertenece solamente a museos, bibliotecas y recintos académicos.
Que la Historia y Cultura del Anáhuac ya se extinguió y se acabó el 13 de agosto de 1521 con la caída de Tenochtitlán. Que nada tienen que ver los mexicanos modernos con su antiguo pasado y, que en todo caso, la Colonia y la Independencia son los precursores de nuestra identidad y realidad.
Inexorablemente tarde o temprano llegaremos a este punto en virtud de que la civilización del Anáhuac ESTÁ VIVA, VIGENTE Y PRESENTE, aunque la colonización mental, cultural y espiritual argumente que ya no existe y que está muerta, la civilización emergerá con una formidable fuerza telúrica de las entrañas de sus propios hijos y de esta Tierra.
Cuando el banco genético de información cultural se active nadie podrá detener este proceso. Uno de los grandes errores de la Cultura Occidental y al mismo tiempo su gran limitación, es que han perdido del mundo y de la vida su dimensión espiritual.
Todo su arrogante poder, sustentado en la materia, la ciencia, la tecnología, el comercio y la guerra, resulta un espejismo efímero en el contexto de las fuerzas cósmicas que rigen al universo.
La raza humana y el planeta es parte integral de la galaxia y ésta del universo. Los seres humanos, -se nos olvida- somos polvo de estrellas.
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